Hace unos meses, con eso de que ya estaba por nacer mi hijo, me dio por investigar mi árbol genealógico. Como nací en Guate, la verdad no tenía muchas esperanzas de encontrar registros públicos digitalizados. Por suerte, encontré FamilySearch, un sitio de la iglesia mormona donde tienen un montón de registros de guatemaltecos.
¡No se imaginan cuál fue mi sorpresa! Resulta que, entre el matrimonio de mis papás y mi nacimiento, ¡solo habían 7 meses de diferencia! A mí me dio mucha risa… ¿qué habrá pensado la gente? Porque, por lo que entiendo, fui un bebé bastante grande, así que no se podían echar la casaca de que era sietemesino con tremendo pichón de elefante. A alguien más le pudo haber dado un ataque, pero a mí no. Muchas veces utilizamos la idea de “no ser planificado” para insinuar que alguien está de más en este mundo, pero el verdadero punto no es la planificación, sino ser querido o no.
En mi caso, mis papás se encargaron de darme todo lo necesario y mucho más; pero, por encima de todo, me hicieron sentir amado. De hecho, pienso que gran parte de mi autoconfianza viene de ese amor.
Para mí, un mundo ideal no es aquel donde todos los niños son planificados, sino aquel donde todos crecen con amor en casa. Y creo que aquí hay un punto importante: en la vida nos pasan cosas que, en definición, podrían verse como negativas, pero lo que realmente importa es cómo se dieron. No hay por qué hacer un problema de la forma, cuando de fondo todo está bien.
Al mismo tiempo, creo que también es clave entender que no basta con tener buenas intenciones al inicio: hay que terminar las cosas de la manera correcta para que esa intención tenga valor.
Decidí comentarle a mi mamá sobre mi hallazgo… pero a ella no le hizo tanta gracia, a pesar de que ya pasaron más de 40 años de aquel evento. Igual, yo feliz de saber un poco más de mí mismo. Para conocernos y entender quiénes somos, creo que es importante saber de dónde venimos.
Y pues así fue como mi vida comenzó. Nací en la Ciudad de Guatemala, de padres chapines. De nombre me pusieron Mauro, como mi difunto abuelo, a quien le decíamos Papa Man. Me hubiera gustado saber más de Papa Man, pero tristemente nunca fuimos muy cercanos, ni siquiera cuando vivimos al lado. Creo que ninguno de los dos puso mucho de su parte para que así se diera.